No sé si es una cuestión de educación o qué, pero me cago en esta forma de ser que tengo a veces. Quizás lo más fácil es plantearlo así, y seguir echándole la culpa a mis viejos, al colegio de monjas, a la mentalidad cerrada de los santafesinos, a mi esencia leonina con ascendente en escorpio, a los traumas de mi niñez o a toda esa gente que no sabe lo que quiere en la vida, y tienen casi siempre como itinerario hacer una escala en mi puerta.
Martín y sus cartas dicen que me transformo. Yo dudo si no me estoy deformando de a poco, o quizás ya llevo casi 23 años deformada y lo oculto tras mi carita de nena buena, mi flequillo desprolijo y las máscaras que adquirí.
La cuestión es que tengo una necesidad enorme de IRME, y aunque no quiera admitirlo, sé que se trata más de una huída de lo que hay ACÁ, que de una necesidad de lo que hay ALLÁ. El motivo que despierta mis sospechas? SIMPLE. No sé a donde, sólo me quiero ir.
Por momentos es un deseo tranquilo, una curiosidad que busca como excusas Perú, México, Nueva Zelanda y otros destinos igual de variados. Pero en otros instantes, se torna algo desesperante, como una imposibilidad de sostenerme dentro mío, como si me fuera de a ratos, o me buscara en mis adentros para descubrir que ya me fui (hace tiempo y no sé a donde)
Vomito las palabras y se me traban los dedos al intentar escribirlas de a una.
Y hago mis catarsis, pataleo y lloriqueo, como cuando tenía 7 años y mis papás no querían traerme a Bs As. al programa de Reina Reech. NO ENTIENDO QUÉ ES LO QUE ES TAN DIFICIL.
Pero luego vuelvo a "La Normalidad" (que no tiene nada de normal, por cierto)
Y de regreso otra vez las palabras suaves, la imagen segura, la tolerancia asfixiante, que me clava diez mil puñales en el pecho.
Me cago en mi diplomacia, en mi necesidad de no mostrarme débil, ni inconstante, NI REAL.
Me cago olímpicamente en mis buenas acciones, en mi consciencia tranquila (¿?), en mi generosidad para primer premio de una exposición.
Me cago en la mina que no demuestra su ira, que parece saberlo siempre todo, que se reprime las lágrimas frente a los demás.
Me cago en la que se fuma a sí misma cada vez que enciende un cigarrillo, en la que se consume por dentro y se escupe después.
Me cago y me seguiré cagando en la "mujer de mentira" que jura no necesitar a nadie, y se siente una completa idiota al darse cuenta de que "nadie" se lo cree.
Me cago en la que se mira al espejo y no se ve, en la que cruza océanos a nado, y luego se ahoga en un vaso de agua (medio vacío)
Me cago en mi, en poner la otra mejilla cuando había que pegar la vuelta, en sonreir hipócritamente cuando quería llorar y putear, en poner
puntos suspensivos cuando se llegó al final de una página y sólo queda darla vuelta.
Me cago hasta el hartazgo en esta rueda absurda de
déjà vues que arroja
siempre el mismo saldo.
Y en la cara de "todo va a estar bien" y las
fucking frases optimistas que acompañan
always esa situación.
Creo que si escucho una sóla vez más eso de que "todo vuelve", voy a hacer honor a la fecha y estallar atómicamente. Y no va a quedar nada vivo a kilómetros de mi.